Villa El Salvador: del izquierdismo a bastión fujimorista
Villa El Salvador experimentó una transformación política drástica en las últimas décadas. Antiguamente considerado un núcleo de pensamiento progresista durante los años setenta y ochenta, el distrito ubicado al sur de Lima ha virado hacia el fujimorismo, convirtiéndose en uno de los territorios de mayor apoyo electoral para Fuerza Popular.
En sus orígenes, este extenso barrio de viviendas precarias fue reconocido por su modelo de autogestión comunitaria. El alcalde Michel Azcueta, profesor de origen español, lideraba un proyecto que capturaba la esperanza de transformación social. Su colaboradora María Elena Moyano emergió como una figura central de la izquierda local, ganando considerable influencia entre los residentes.
El quiebre llegó con la violencia terrorista. En 1992, Sendero Luminoso asesinó brutalmente a Moyano frente a sus hijos el 15 de febrero, un crimen que marcó el fin de la era progresista del barrio. Ese mismo año, Alberto Fujimori ejecutó un autogolpe y logró capturar al líder terrorista Abimael Guzmán, restaurando la seguridad que la población desesperadamente ansiaba.
Aunque Fujimori posteriormente fue encarcelado por crímenes de lesa humanidad y corrupción, los pobladores de Villa El Salvador asociaban su gobierno con el retorno de la paz. La izquierda local se desmoralizó internamente, perdiendo militantes por temor y desencanto. Paradójicamente, Martha Moyano, hermana menor de la asesinada líder progresista, abrazó el fujimorismo y se convirtió en dirigente y congresista de la familia Fujimori, ahora siendo referente político en el territorio.
Actualmente, Villa El Salvador alberga aproximadamente 500.000 habitantes. En la primera vuelta electoral, Fuerza Popular obtuvo el 49 por ciento de los votos, cifra extraordinaria considerando la competencia entre diez candidatos y la más elevada registrada en Lima. Los residentes priorizan soluciones concretas sobre ideologías: acceso a vivienda, formalización de propiedades y seguridad pública con mano dura.
El distrito ha experimentado mejoras materiales como expansión de servicios de agua y electricidad, así como mayor infraestructura vial, pero persisten desafíos de saneamiento e inseguridad que mantienen la brecha con zonas más desarrolladas de la capital.
Fuente: El País

